martes, 20 de octubre de 2009

una tarde de sábadÖ...


Me transporta...
una ondulación, esa espiral de sonido que se sucede con tranquilidad, unas
curvas que producen paz, un viaje por círculos concéntricos y elipses que
juntas forman un paraíso donde se respira armonía y serenidad.
Son esos puntos flexibles que suben y bajan los que me transportan al mismo
lugar donde por primera vez formaron parte de mí, donde por primera vez me
envolvieron con su encanto y movimientos, esas notas que conocí hace un año,
hace un tiempo, y que cuando vuelven a mí hacen que mi entorno sea el de
entonces, que vea mi ventana, que vea el cielo que veía cada noche, ese
cielo infinito que se enrojecía y se llenaba de morados, ese cielo frío del
norte que me decía lo lejos que estaba, que me decía que al día siguiente me
levantaría en un lugar aún por explorar, que me enseñaba que estaba allí por
un motivo, que aunque al principio desconocido, he descubierto con el paso
del tiempo... ese cielo que cada noche me esperaba al salir de clase, que me
saludaba y me daba alegría para vivir... veo mi ventana, sí, las luces
apagadas y solo el reflejo de las farolas y las estrellas, los aviones que
pasaban y volarían a mil lugares, donde habría gente que, como yo, viajarían
hacia una nueva vida o hacia su antigua vida, gente con pensamientos,
sentimientos e ilusiones, todo en el aire... colisionando, me hace sentir
como cuando entre las sábanas sentía el frío escocés en mi piel, como cuando
cerraba los ojos y solo encontraba imágenes de formas y chispas coloridas...
hoy no estoy allí, pero me siento similar, hoy estoy en otro lugar, pero en
mi casa, en mi cuarto, hoy es sábado como allí, como eran allí los sábados,
hoy oigo esa música y veo otro cielo, otro cielo que al igual que el otro me
da energía y me irradia entusiasmo...
hoy es otro día, pero podría haber sido aquel...