domingo, 22 de noviembre de 2009

de dOnde vengÖ...

Porque siempre cuando voy en el coche, miro por la ventanilla y los veo, imagino que corro entre ellos. Chopos de colores otoñales, árboles que me recuerdan a él, a su tierra, a Castilla, a Valladolid. Porque siempre que hace frío me imagino en un lugar nevado, con árboles verdes, poco cálidos pero llenos de color y vida. Nieve de los países escandinavos, porque ella siempre me habló del norte, de Suecia. Porque en mi interior tengo la imagen de esa niña de pelo negro con su trenza larga... la he visto, no la conocí ni la vi nunca, pero la veo ahora... me la imagino con su pelo negro, un abriguino rojo, soñando con alejarse hacia esos campos castellanos, donde el frío y la nieblina vallisoletana atravesarían su cuerpo. Porque más adelante aparecerá otra niña, a la que si conozco. La vi por primera vez hace ya 22 años, ella tiene esa mezcla, ha oído hablar de esos lugares, de sus árboles, de su temperatura y de mundos interiores. Ella es así porque le han dado amor, la han educado en la sensibilidad y en la ilusión, le han enñeado a querer vivir con música y gamas cromáticas. Por eso ella mire a donde mire, verá infinitos colores moviéndose como notas en su pentagrama personal, eso le vale para sonreir, eso le hace ser feliz. Gracias a los dos.

la pAz del ruido del mAr... llevÁndome por el oleAje...


A veces tienes una sensación que quieres expresar, quieres plasmar ese momento en papel, quieres hacer saber al mundo entero que sientes algo difícil de explicar, pero sabes que una imagen, la imagen mental que a ti te evoca esa sensación sería la mejor forma de mostrar lo que para ti significa. Decides pues abrir tu cuaderno, ese que este año está prácticamente vacío por falta de tiempo, y que el año pasado ya hubiera estado a rebosar. Según coges los lápices recuerdas que esa sensación la has tenido en tu cuerpo guardada, que no es nueva, aunque se haya manifestado hoy, o ayer... tu no sabías que ya la habías tenido, que la habías sentido anteriormente, pero de repente eres consciente, porque recuerdas una imagen que creaste hace meses y que describe lo que sientes ahora mismo. Abres esa carpeta que en estos dos meses ha cogido polvo, y ahí está, en otro cuaderno... buah, es eso, es la niebla, el color, puede ser ayer en una playa del sur, puede ser hace años en un acantilado cántabro o puede ser todos esos mares que has visto, todas esas olas que has oído romper... sus colores son una mezcla de todas las veces que has estado en un sitio que te ha producido tanta paz y tanta felicidad...
Debe ser entonces pues, una sensación general de mi cuerpo.
Quiero que el silencio se mezcle con mi sonido corporal; quiero que esas piedras de mil tamaños y formas que no sabemos porque han llegado hasta donde están, se metan entre los desdos de mis pies; quiero que el frió se refleje en el blanco de mis piernas cuando me arremango los pantalones y meto los pies en el agua fría del mar; quiero tumbarme sobre la dureza de la superficie y sentirme en un lugar cómodo y reconfortante; quiero oír esa respiración a mi lado y darme cuenta de lo afortunada que soy. Da igual lo que pase después, esa mezcla de sentimientos formará parte de mi piel y de mis células siempre.